¿Lo vislumbras? El tiempo es mas o menos 50 años D.C. una de las mas antiguas ciudades de la Biblia, la ciudad portuaria de Corinto. Una gran multitud se había reunido para escuchar a un hombre llamado Pablo. El SEÑOR todavía no había adherido las palabras de Pablo a la Escritura. Nadie sabia que lo haría, ni siquiera Pablo.
El fervoroso Apóstol comenzó a predicar de los misterios de la piedad, razonando de causa a efecto, de lo conocido a lo desconocido, usando ilustraciones muy familiares para enseñar lo que todavía no se entendía. La gente escuchaba y comenzaba a comprender. En los rostros de algunos se mostraba convicción. El deseo comenzaba a despertarse en los corazones de algunos que por largo tiempo se habían convertido en piedra. Después, en las mentes de unos pocos destellaban destellos de aceptación y una nueva vida comenzó a surgir en la nueva criatura Pablo, mientras ocurrían milagros entre la congregación aquí y allá. Aquellos reunidos escucharon las palabras, “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento.”
(2 Corintios 2:14) ¿Dijo Pablo, siempre ? ¿Acaso le escucharon correctamente? El Testimonio de Pablo era muy diferente de lo que esta gente estaba acostumbrada a escuchar. Sus renombrados lideres, los conservadores Fariseos que se enorgullecían como expositores de los escritos sagrados, nunca habían hablado así. Algunos no habían recibido el testimonio de Pablo y a los de “corazón duro” que aun quedaban, sus palabras no eran muy bien bienvenidas. “¿Siempre?” murmuraban maliciosamente. “¡Eso es ser orgulloso! Estamos supuestos a ser humildes –¡nunca jactanciosos!”
En Cristo, la batalla se ha peleado en cada punto y “la victoria” ha
sido completada. El se hizo carne — la misma carne y sangre de los que vino a redimir. El fue hecho como nosotros en todo punto; El “fue tentado en todo según nuestra semejanza.” Si en algún “punto” El no hubiera sido “semejante a nosotros,” entonces , en ese punto El no pudo haber sido tentado “como nosotros.” El “fue afectado con nuestras debilidades,” porque El “fue tentado en todo según nuestra semejanza.” Cuando el era tentado, El sentía los deseos e inclinaciones de la carne, de igual manera como nosotros las sentimos cuando somos tentados. Porque “cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia [sus propios deseos e inclinaciones de la carne] es atraído y seducido.” Sant 1:14
Todo esto Jesús lo pudo experimentar sin pecar; porque ser tentado no es lo mismo que pecar. Solo “cuando la concupiscencia ha concebido,” cuando el deseo es acariciado y la inclinación es consentida — es que se “da a luz el pecado.” Y Jesús ni siquiera en pensamiento acaricio un deseo, ni tampoco consintió ninguna inclinación de la carne. Por lo tanto, en una carne semejante a la nuestra, “El fue tentado en todo según nuestra semejanza pero sin pecado.” Y así, por el poder divino que El recibió por medio de la fe en Dios, Jesús , en nuestra carne, completamente sofoco toda inclinación y deseo de esa carne y eficazmente arrancaba de raíz todo deseo carnal y así “condenaba al pecado en la carne.” Y al hacer esto El trajo y ejemplifico una victoria completa junto con el poder divino para mantenerla en cada alma de este mundo. Todo esto Cristo lo hizo “para que la justicia de la ley pudiera cumplirse en nosotros, quienes no caminamos de acuerdo a la carne, sino de acuerdo al Espíritu.” Esta victoria en toda su plenitud es gratuita a cada alma en Cristo Jesús y se recibe por fe en Jesús. Se cumple y se mantiene por “la fe de Jesús,” la cual El desarrollo en perfección y se lo ha dado a cada creyente en El. “Y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.” Jesús “abolió en Su carne las enemistades [hostilidad]” que separaban a la raza humana de Dios. Efe 2:15
Al igual que los murmuradores de esos días, criados en la “humildad” del fracaso, en estos últimos días también se nos ha enseñado a no llevar un testimonio firme y directo. Las mismas Escrituras que hablan de la victoria han sigo arrancadas de su obvio significado para que no tengan un testimonio viviente. “ Alabad a Yahweh que siempre nos da LA VICTORIA! “Díganlo los redimidos de Yahweh…!” ( Salmo 107:2)
Para poder hacer esto Jesús tomo la carne en la que existía esta hostilidad para “abolirla esta enemistad en Su carne porque “para crear en sí mismo de los dos”(Dios y el hombre caído) “un solo y nuevo hombre, haciendo la paz. El “abolió en Su carne las enemistades” para poder “reconciliar mediante la cruz a ambos”, Judíos y Gentiles — es decir, todo aquel que esta sujeto a esta hostilidad — “con Dios en un solo cuerpo, acabando en ella las enemistades.”Efesios 2:16 “La enemistad” estuvo “en El mismo” al morar en “su carne.” Y allí “en su carne” El le dio muerte y la abolió.
Así fue como Jesús tomo sobre El esta maldición, en su totalidad, ya que esta misma maldición estaba sobre la raza humana. Esto lo hizo al ser “hecho por nosotros maldición.” Pero “la maldición sin causa no vendrá,” y nunca vendrá. La causa de la maldición es el pecado. Jesús fue hecho por nosotros maldición por nuestros pecados. Y para poder tomar la maldición que estaba en nosotros debía tomar el pecado que había en nosotros. Por consiguiente Dios “al que no conoció pecado (Jesús), lo hizo pecado por nosotros para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios EN EL.” 2 Cor 5: 21 Y aunque El mismo se puso al mismo nivel de desventaja que la raza humana, — hecho en todo semejante a nosotros y por lo tanto “tentado en todo al igual que nosotros,” — nunca consintió en los mas mínimo ninguna tendencia o inclinación carnal, ni siquiera en pensamiento sino que cada una de ellas era arrancada desde su raíz por el poder de Dios, que a través de la fe divina, El trajo esta fe a la humanidad. “Así que por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, EL TAMBIEN participó DE LO MISMO, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.
Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.” Hebreos 2:14-18 Y esta victoria, la cual Cristo logro en carne humana, es lograda por el Espíritu Santo de Dios y va al rescate de todo aquel en carne humana que hoy crea en Jesús, el Cristo. Porque por medio del Espíritu Santo la presencia misma de Cristo viene a morar en el creyente pues es Su deseo constante “daros, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por Su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.” Efesios 3:16-19
Así la liberación de la culpa del pecado y del poder mismo del pecado, el cual sostiene al creyente en victoria continua sobre venciendo sobre todos los deseos, las tendencias y las inclinaciones de su carne pecaminosa por medio del poder del Espíritu de Dios − se efectúa por la presencia personal de Cristo Jesús EN la CARNE HUMANA del creyente, así como ocurrió con la carne humana de Cristo hace dos mil ocho años atrás. Cristo es el mismo — “el mismo ayer hoy y siempre.” El evangelio de Cristo siempre ha sido el mismo — ayer , hoy y siempre. El evangelio de Cristo en estos últimos días sigue siendo el mismo que Cristo ejemplifico cuando camino en carne humana sobre este planeta. En ese entonces era “Dios manifestado en la carne” y hoy ocurre lo mismo — “Dios manifestado en” la misma carne, la carne de hombres pecadores, la misma carne humana, la naturaleza humana de hoy. Ese evangelio es “Cristo en ti, la esperanza de gloria.” — Cristo en ti; así como eres, con pecados, pecaminosidad y todo lo demás, porque El se dio así mismo por nosotros y nuestros pecados. Y Cristo te ha comprado a ti, así como eres y Dios “nos ha hecho aceptos en el Amado.” Efesios 1:6
Cristo les ha recibido tal y como sois, y el evangelio “Cristo en ti, la esperanza de gloria,” te pone bajo el reino de la gracia de Dios y por medio del Espíritu de Dios te hace súbdito al poder de Cristo y de Dios para que “ el fruto del Espíritu” fructifique en ti, a cambio de las “obras de la carne.” Esta es LA VICTORIA en ti.
Así, toda alma en este mundo puede verdaderamente decir, en el perfecto triunfo de la fe Cristiana, “Con Cristo estoy juntamente crucificado(a), y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Toda alma en este mundo puede decir, con toda convicción y sinceridad “estoy juntamente crucificado con Cristo.” Esta declaración es la aceptación de un hecho, la aceptación de una realidad que ya ocurrió; este versículo es la declaración de un hecho. Es un hecho que Jesucristo fue crucificado. Y cuando El fue crucificado, también nosotros fuimos crucificados con El porque El fue uno de nosotros. Y esta escrito: “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre FUE CRUCIFICADO JUNTAMENTE CON EL, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.” Rom 6:6 Mas ya no vivo yo sino Cristo vive en mi. “Llevando en mi cuerpo siempre, por todas partes, la muerte de Jesús.” — la crucifixión del Señor Jesús porque estoy crucificado con El —
“para que también la vida de Jesús se manifieste en mi cuerpo” 2 Cor 4:10-11. Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.
En este bendito hecho de la crucifixión del Señor Jesús, el cual se efectúo a favor de toda alma humana, no solo se estableció el fundamento de la fe sino que se otorgo el don de la fe a todo ser humano. Por lo tanto la cruz de Cristo no solo consiste en la revelación de la sabiduría de Dios al hombre sino que es el poder mismo de Dios manifestado para liberarnos de todo pecado y traernos a Dios — haciéndonos siempre triunfar en Cristo Jesús! O pecador, hermano, hermana, creedlo. ¡OH, recíbelo! Recibe LA VICTORIA — junto con “la fe de Jesús.”
Ríndete a esta verdad poderosa. Dilo, dilo con la plena seguridad de la fe y dilo por siempre. “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Gálatas 2:20
Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús…” (2 Cor 2:14) “ Y esta es LA VICTORIA que ha vencido al mundo, nuestra fe.” (1 Juan 5:4) [Adaptado de: Lecciones de Fe]
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