El comprender la naturaleza de Yahweh el Padre, la naturaleza de toda la Deidad, siempre ha sido unos de los principales intereses de la Iglesia Adventista del 7mo día de la Creación. Mientras obramos continuamente para invitar y llevar al remanente de los hijos del Altísimo a casa, siempre trabajamos y estamos consientes del hecho de que no estamos tratando de acondicionar los conversos a ningún otro “molde” excepto a la vida de Cristo. En contraste a la mentalidad denominacional, los obreros de Yahshua no se enfocan demasiado en “las normas” (lo que se puede y no se puede) de la Espiritualidad; en lugar de enfocarnos en los métodos de adoración, nos interesamos en conocer a QUIEN es que adoramos. Aunque los asuntos de doctrina, estilo de vida, y los mandamientos mismos son importantes, estos deben ser secundarios al conocimiento de la naturaleza de nuestro Creador Celestial. “Y ésta es la vida eterna: Que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.” (Juan 17:3)
Es el conocimiento en si lo que es la vida. Es la relación obtenida entre la mente del hombre y la mente de Yahweh lo que permite la resurrección al sonido de la última trompeta, o la traslación de nuestros cuerpos inmortales a la inmortalidad, cuando Cristo regrese. Es la relación consiente y dispuesta lo que transforma la vida del creyente, “derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y trayendo cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo.” (2 Cor 10:5)
Si no conocemos nuestro Padre Celestial ni a Su Hijo, nuestro amado Redentor, ¿Qué testificaremos ante los hombres y el mundo? Y si permanecemos callados ante los hombres (que son polvo y agua) debido a esta ignorancia, ¿Qué diremos ante Yahweh mismo, ese “fuego consumidor,” cuando El nos pregunte qué tipo de siervos somos? Los tiempos de las sombras y los tipos han pasado ya; la Cosecha ya está efectuándose, para reunir el trigo del campo y reunirlo en un solo granero, ese único lugar de unidad tanto en espíritu como en doctrina. No permitamos que se diga que el conocimiento de la naturaleza de la Deidad es menos importante que cualquier otro aspecto del Cristianismo.
¿Entonces, quien es el Padre? ¿Y quién es el Hijo? ¿Y qué hay acerca del Espíritu Santo? ¿Qué significan estos términos, y cuál es la relación que comparten mutuamente? Desde los días de los reyes de Israel tenemos registrada esa pregunta, y aun antes de eso porque el Faraón de Egipto mismo hizo esta pregunta en desafío, “Y Faraón respondió: ¿Quién es Yahweh, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Yahweh, ni tampoco dejaré ir a Israel.”(Exo 5:2) Parece ser una pregunta importante, ¡Porque del conocimiento de Yahweh se determina hasta las acciones de los reyes!
Aun hoy en día, nuestras vidas dependen de la respuesta a esa pregunta, sobre quien es Dios: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”(Juan 3:16) Y debemos ser capaces de decir, con certeza, “mas no me avergüenzo; porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.”(2 Tim 1:12)
Podríamos detallar cada uno de los aspectos de la Deidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, pero será más útil que examinemos estos aspectos en conjunto porque en esto consiste el propósito de este articulo. ¿Cuál es la naturaleza de la Trinidad? Esa es la pregunta que nos proponemos examinar con este trabajo, y de hecho es un trabajo delicado porque Yahweh declara, “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” Isaías 55:9
La palabra “Trinidad” no aparece en ningún lugar de la Biblia: ni en las obras canonizadas, ni en los libros apócrifos. De hecho la primera vez que esa palabra apareció de alguna forma fue en los escritos de Teófilo de Antioquia en 180 D.C. Casi 200 años después del nacimiento del Mesías, este concepto fue escrito en papel. Algunos dicen que la “realidad” de ella existió antes, aun desde el Génesis y ciertamente consideraremos si esto es verdad. Por supuesto, primero debemos definir cuidadosamente nuestros términos de lo contrario todo lo que digamos de aquí en adelante no tendrá significado alguno.
La Trinidad, como es usada aquí, insinúa a un Dios de tres partes. Es decir, El es verdaderamente un Dios (o Deidad más exactamente) pero está dividido en tres Entidades separadas, co-eternas y co-iguales como Personas o seres independientes mientras que al mismo tiempo los tres están en perfecta armonía con cada uno en términos de autoridad y propósito.
Esta definición y este concepto, muchos teólogos Cristianos concuerdan, es la fe central (Católica) Cristiana. Las tradiciones Católicas implícitamente declaran que todas sus doctrinas y enseñanzas fluyen naturalmente y están fundamentadas sobre esta idea, de Unidad de Tres. [Referencia de Handbook for Today’s Catholic, p.16.]
El asunto en cuestión que sale a relucir seria la “Persona” del Espíritu Santo y en cierto sentido la co-igualdad que supuestamente comparte con el Padre y el Hijo.
Como relata la historia, el concepto de la Trinidad apareció un siglo y medio después de la muerte y resurrección del Mesías. Hasta ese tiempo se entendía que había un Padre y también un Hijo, quien muchos de los creyentes del primer siglo había visto en la carne. De estos Dos (el Padre y el Hijo) no había duda alguna.
El Padre y el Hijo son referidos en la Palabra de Dios como Elojim, que es el termino plural en hebreo para referirse a Dios y que aparece en el principio, “Dijo Elojim: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.” Gen 1:26 Sobre el Espíritu, parecía no haber un claro consenso hasta que el concepto de la Trinidad fue introducido 3 siglos después de la muerte y resurrección del Mesías.
El concepto trinitario no fue “solidificado” como una enseñanza de la Iglesia Católica sino hasta el Concilio de Nicea del año 325 D.C la cual surgió como una reacción a algo conocido en ese tiempo como la “Herejía Arriana”, la cual fue esencialmente una doctrina que se oponía a la divinidad de Cristo.
Aunque estuvo bien que esta falsedad fuera reprochada también sucedió que una rápida “Romanización” con influencias poli-teísticas fueron aceptadas por la Iglesia Apostólica lo cual creó otro abismo al otro lado del camino.
Los cristianos no fueron dejados sin advertencia con respecto a esto y de lo que pasaría en la Iglesia Apostólica pues Pablo escribió, “Porque yo sé esto, que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño.” Hechos 20:29
¿Y, no llego a pasar precisamente esto? ¿Acaso no está el Pueblo de Yahweh conformado solamente por un remanente, de unos pocos en estos últimos días? Esto no tiene que pasar porque Yahweh “quiere que todos los hombres sean salvos, y vengan al conocimiento de la verdad.” (1 Tim 2:4) El tiempo a la restauración de todas las cosas pertenecientes a la piedad y a la espiritualidad está ya en efecto. (Mal 4, Hechos 3:19-21)
Entonces, ¿Que dice la Biblia sobre la naturaleza del Espíritu Santo? Ciertamente estuvo allí desde el principio, “Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios [Elojim] se movía sobre la faz de las aguas.” Gen 1:2. Aun en este pasaje, es referido como el Espíritu de Elojim; es decir, perteneciente de antemano al término plural de Dios. Esto será importante mientras miremos progresivamente a las Escrituras que tratan con este asunto. Como el Espíritu estuvo allí desde el principio, nosotros podemos aplicar igualmente los versículos a ello así como hacemos con Cristo, los cuales declaran, “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” (Juan 1:1)
Por lo tanto si el Hijo estaba con Yahweh desde el principio, y como tal es considerado Dios, entonces también el Espíritu debe ser considerado Dios.
El asunto no radica en si el Espíritu Santo es o no parte de los aspectos de Dios, como el Hijo lo es, sino mas bien en si existe o no co-igualdad con el Padre y el Hijo, y si es una persona de la misma manera en que el Padre y el Hijo lo son.
Esto es lo que enseña la doctrina de la Trinidad pero este no parece ser el caso.
Podemos empezar a evaluar la perspectiva del Viejo Testamento sobre Yahweh (en todos Sus aspectos) y entonces ver si esa perspectiva fue realmente expandida o detallada en el Nuevo Testamento.
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